Dolor de hernia de hiato: cómo aliviarlo y cuándo preocuparse

mujer con dolor de hernia de hiato
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Dr. José Rivas Becerra

Médico especialista en el tratamiento quirúrgico de las hernias de la pared abdominal.
Número de colegiado 292909705.
Acreditado como cirujano de consola plataforma robótica Da Vinci®.
Director de Hernia Center.

La hernia de hiato no siempre produce dolor. Muchas personas la tienen sin presentar síntomas y la descubren de forma accidental durante una prueba médica. Cuando causa molestias, estas suelen estar relacionadas con el reflujo gastroesofágico que la hernia puede favorecer, aunque las hernias grandes también pueden provocar presión, dolor torácico, dificultad para tragar o sensación de saciedad precoz.

El dolor de hernia de hiato puede sentirse como ardor detrás del esternón, presión en el pecho o molestias en la parte superior del abdomen. A menudo empeora después de comer, al agacharse o al tumbarse.

El principal problema es que el dolor de origen digestivo puede parecerse al provocado por una enfermedad cardíaca. Por este motivo, un dolor torácico nuevo, intenso o diferente a episodios anteriores no debe atribuirse automáticamente a la hernia de hiato.

¿Cómo es el dolor de una hernia de hiato?

No existe una única forma de dolor asociada a la hernia de hiato. La localización, la intensidad y la duración pueden variar según el tipo de hernia, la presencia de reflujo y las condiciones de cada paciente.

Las manifestaciones más habituales incluyen:

  • Ardor que asciende desde la parte superior del abdomen hacia el pecho.
  • Dolor o presión detrás del esternón.
  • Molestias en la boca del estómago.
  • Sensación de pesadez después de comer.
  • Regurgitación de alimentos o líquido ácido.
  • Dolor al agacharse o tumbarse después de las comidas.
  • Sensación de saciedad tras ingerir poca cantidad.
  • Dificultad o dolor al tragar.

El ardor producido por el reflujo suele aparecer después de comer y puede acompañarse de sabor ácido o amargo en la boca. No obstante, el dolor torácico también puede presentarse sin la sensación clásica de acidez, por lo que no siempre es posible identificar su origen únicamente por los síntomas.

Las hernias de hiato de mayor tamaño pueden provocar otros síntomas, como falta de aire, presión torácica, anemia o dificultad para que los alimentos pasen correctamente al estómago.

¿La hernia de hiato duele o el dolor se debe al reflujo?

En muchos pacientes, el dolor no se debe directamente al desplazamiento del estómago a través del diafragma, sino al reflujo gastroesofágico asociado.

La unión entre el esófago y el estómago actúa como una barrera que dificulta que el contenido gástrico retroceda. Cuando una parte del estómago asciende a través del hiato, esta barrera puede perder eficacia y facilitar el paso de ácido u otros contenidos hacia el esófago.

La irritación esofágica puede causar:

  • Acidez o pirosis.
  • Dolor detrás del esternón.
  • Regurgitación.
  • Tos o molestias nocturnas.
  • Sensación de nudo en la garganta.
  • Dificultad para tragar.

Sin embargo, tener una hernia de hiato no significa necesariamente padecer reflujo, y presentar reflujo tampoco demuestra por sí solo que exista una hernia. Es necesario valorar ambas condiciones de forma relacionada, pero diferenciada.

También puede ocurrir que una persona con una hernia conocida tenga dolor por otra causa digestiva, muscular, pulmonar o cardíaca. Por ello, el diagnóstico no debe basarse únicamente en la existencia previa de una hernia.

Dolor en el pecho por hernia de hiato: ¿cómo distinguirlo de un problema cardíaco?

El reflujo puede provocar un dolor torácico muy parecido al dolor cardíaco. Puede sentirse como ardor, presión, opresión o molestia detrás del esternón.

Algunas características pueden orientar hacia un origen digestivo. Por ejemplo, que el dolor aparezca después de una comida abundante, empeore al tumbarse o agacharse y se acompañe de regurgitación o sabor ácido.

Sin embargo, estas características no permiten descartar con seguridad una enfermedad cardíaca. Un problema del corazón también puede presentarse con síntomas atípicos, especialmente en mujeres, personas mayores y pacientes con diabetes.

Las guías del American College of Gastroenterology señalan que solo debe estudiarse el reflujo como causa de un dolor torácico después de haber realizado una evaluación adecuada para excluir una enfermedad cardíaca.

Señales de alarma: cuándo acudir a urgencias

Solicita atención médica urgente si el dolor:

  • Es nuevo, intenso o aparece de forma repentina.
  • Se siente como presión, opresión o aplastamiento.
  • No desaparece o aumenta progresivamente.
  • Se extiende hacia el brazo, la mandíbula, el cuello, el hombro o la espalda.
  • Se acompaña de dificultad para respirar.
  • Aparece junto con sudor frío, mareo, debilidad o desmayo.
  • Se acompaña de náuseas o vómitos.
  • Se produce durante el esfuerzo físico.
  • Es diferente al dolor digestivo que hayas experimentado anteriormente.

El dolor torácico persistente, opresivo o acompañado de falta de aire, sudoración, mareo o náuseas requiere atención inmediata.

También debe solicitarse atención urgente cuando aparecen vómitos con sangre, heces negras, dificultad intensa para tragar, vómitos persistentes o un dolor abdominal o torácico muy intenso. Estos síntomas pueden indicar una complicación digestiva que necesita valoración médica.

Cómo calmar el dolor de la hernia de hiato en el momento

Las siguientes medidas pueden reducir las molestias cuando el episodio parece estar relacionado con una comida o con el reflujo. No sustituyen una valoración médica ni son adecuadas cuando existen señales de alarma.

Mantener una posición erguida

Permanecer sentado o de pie puede ayudar a que la gravedad reduzca el ascenso del contenido gástrico. Es preferible evitar tumbarse, recostarse hacia atrás o agacharse inmediatamente después de comer.

Aflojar las prendas que comprimen el abdomen

Los cinturones y las prendas muy ajustadas pueden aumentar la presión abdominal y favorecer el reflujo. Aflojarlos puede reducir la sensación de presión, aunque no corrige la causa de los síntomas.

Evitar nuevos alimentos durante el episodio

Seguir comiendo mientras existe dolor, ardor o regurgitación puede intensificar las molestias. Conviene esperar a que el episodio disminuya y observar qué alimento, cantidad o hábito pudo desencadenarlo.

Seguir únicamente el tratamiento pautado

Cuando el médico haya prescrito un tratamiento para el reflujo, debe utilizarse conforme a sus indicaciones. No es recomendable aumentar dosis, combinar medicamentos ni mantener una automedicación continuada sin revisión profesional.

Los antiácidos pueden neutralizar temporalmente la acidez; los bloqueadores H2 y los inhibidores de la bomba de protones reducen la producción de ácido mediante mecanismos diferentes. La elección, la pauta y la duración deben individualizarse.

Un medicamento puede disminuir la acidez sin resolver una hernia grande, una alteración anatómica o una causa diferente del dolor.

Posturas para aliviar el dolor y el reflujo

La posición del cuerpo puede influir especialmente en los síntomas nocturnos.

Elevar el cabecero de la cama

Elevar la parte superior de la cama puede ayudar a reducir el reflujo durante la noche. Es más eficaz levantar el tronco mediante una cuña o elevar las patas del cabecero que utilizar varias almohadas, ya que estas pueden flexionar el abdomen y aumentar la presión sobre el estómago.

Las guías sobre reflujo recomiendan elevar el cabecero en pacientes con síntomas nocturnos.

Dormir sobre el lado izquierdo

En algunos pacientes, dormir sobre el lado izquierdo reduce los episodios nocturnos de reflujo. La posición sobre el lado derecho puede favorecer que el contenido gástrico se aproxime a la unión con el esófago.

Esta medida no resulta igual de cómoda o eficaz para todas las personas, pero puede probarse cuando los síntomas aparecen principalmente al acostarse.

Evitar tumbarse después de comer

Lo recomendable es esperar al menos dos o tres horas después de la cena antes de acostarse. También conviene evitar ejercicios, posturas o tareas que exijan agacharse repetidamente durante ese periodo.

Qué comer cuando duele la hernia de hiato

No existe una dieta universal válida para todos los pacientes. Los alimentos que desencadenan síntomas varían considerablemente de una persona a otra.

Durante los periodos con más molestias puede resultar útil:

  • Realizar comidas de menor tamaño.
  • Comer despacio y masticar bien.
  • Evitar cenas abundantes.
  • Reducir temporalmente los alimentos que hayan desencadenado episodios anteriores.
  • Separar la última comida del momento de acostarse.
  • Registrar durante unos días qué alimentos coinciden con el dolor o la regurgitación.

Entre los desencadenantes frecuentes del reflujo se encuentran las comidas grasas, el chocolate, el café, el alcohol, la menta, algunos alimentos picantes y determinados productos ácidos. No obstante, no es necesario eliminar todos ellos si no producen síntomas.

Una dieta excesivamente restrictiva puede ser innecesaria y difícil de mantener. Es preferible identificar los desencadenantes personales y adaptar las cantidades, los horarios y la forma de cocinar.

En nuestra guía sobre alimentos recomendados para la hernia de hiato explicamos con más detalle cómo organizar las comidas sin recurrir a prohibiciones generalizadas.

Hábitos diarios que pueden reducir la aparición del dolor

Además de la alimentación, algunos cambios pueden reducir la frecuencia o intensidad de los episodios:

  • Evitar acostarse durante las dos o tres horas posteriores a las comidas.
  • Reducir el tamaño de las raciones.
  • Evitar el tabaco.
  • Limitar el alcohol cuando desencadene síntomas.
  • Mantener un peso saludable.
  • Evitar prendas que compriman intensamente el abdomen.
  • Elevar el cabecero cuando existe reflujo nocturno.
  • Revisar con el médico los medicamentos que puedan empeorar los síntomas.
  • Tratar el estreñimiento y la tos persistente cuando estén presentes.

La pérdida de peso en pacientes con sobrepeso, dejar de fumar, evitar las comidas próximas a la hora de acostarse y elevar el cabecero forman parte de las medidas recomendadas para el control del reflujo.

Estos cambios pueden mejorar los síntomas, pero no hacen desaparecer anatómicamente la hernia.

Qué no hacer durante un episodio de dolor

Ante un episodio de dolor relacionado aparentemente con la hernia de hiato, conviene evitar algunos comportamientos frecuentes.

No asumir que cualquier dolor torácico es digestivo

Aunque el paciente tenga un diagnóstico previo de hernia de hiato, un dolor nuevo o diferente puede tener otro origen.

No tumbarse inmediatamente

La posición horizontal facilita el ascenso del contenido del estómago y puede intensificar el ardor y la regurgitación.

No realizar ejercicio intenso después de comer

Correr, levantar peso, hacer abdominales o agacharse repetidamente tras una comida puede aumentar la presión abdominal y empeorar las molestias.

No provocar el vómito

Provocarse el vómito puede irritar más el esófago y aumentar la presión sobre la unión entre el estómago y el diafragma.

No modificar la medicación por cuenta propia

Tomar más dosis de las prescritas o combinar tratamientos puede producir efectos adversos y retrasar el diagnóstico de otra causa.

No mantener indefinidamente un tratamiento que no funciona

Si el dolor continúa pese a seguir correctamente el tratamiento, es necesario revisar el diagnóstico. La falta de respuesta no significa necesariamente que la hernia sea más grave; puede indicar que el dolor no se debe al ácido o que existe otro problema.

¿La hernia de hiato puede causar dolor de espalda?

El dolor de espalda no es uno de los síntomas más característicos de una hernia de hiato pequeña con reflujo. Algunas personas describen una molestia que se irradia desde el pecho o la parte superior del abdomen hacia la espalda, especialmente durante episodios intensos.

Sin embargo, un dolor de espalda persistente no debe atribuirse automáticamente a la hernia. Puede proceder de músculos, articulaciones, columna vertebral, vesícula, páncreas, pulmones, corazón u otras estructuras.

Es especialmente importante solicitar una valoración urgente cuando el dolor torácico o abdominal se extiende hacia la espalda y aparece de forma intensa o repentina, sobre todo si se acompaña de sudoración, mareo, dificultad respiratoria, vómitos o mal estado general.

¿Por qué sigue doliendo pese a la medicación?

La persistencia de los síntomas no siempre significa que el tratamiento se haya quedado “corto”. Existen diferentes explicaciones posibles:

  • La pauta no se está tomando en el momento adecuado.
  • El tratamiento no se adapta al patrón de síntomas.
  • Existe reflujo no ácido o regurgitación de contenido gástrico.
  • Se ha desarrollado una esofagitis.
  • Hay una alteración de la motilidad del esófago.
  • Existe hipersensibilidad esofágica.
  • La hernia es grande y produce síntomas mecánicos.
  • El dolor tiene un origen diferente al digestivo.
  • Los síntomas no están causados realmente por reflujo.

La respuesta a un inhibidor de la bomba de protones, como el omeprazol y otros medicamentos del mismo grupo, no confirma por sí sola el diagnóstico. Tampoco la falta de respuesta demuestra automáticamente que sea necesaria una operación.

La AGA recomienda estudiar mediante endoscopia y, en casos seleccionados, monitorización prolongada del reflujo a los pacientes con ardor, regurgitación o dolor torácico no cardíaco que no responden adecuadamente al tratamiento.

Pruebas para estudiar el dolor recurrente

No todos los pacientes necesitan las mismas pruebas. La selección depende de los síntomas, la edad, los antecedentes y la posibilidad de plantear una intervención.

Gastroscopia

Permite examinar el esófago y el estómago, identificar esofagitis, estrechamientos, lesiones o signos de sangrado y valorar determinadas complicaciones del reflujo.

También puede detectar una hernia de hiato, aunque su tamaño y comportamiento no siempre quedan definidos completamente mediante esta prueba.

Estudio radiológico con contraste

El tránsito esófago-gástrico permite observar cómo pasa el contraste por el esófago y el estómago. Puede aportar información sobre el tamaño de la hernia, la anatomía y posibles dificultades para el vaciamiento o la deglución.

pH-metría o pH-impedanciometría

Mide la exposición del esófago al ácido y puede relacionar los episodios de reflujo con los síntomas del paciente. La impedanciometría también detecta episodios de reflujo débilmente ácido o no ácido.

Es especialmente útil cuando el diagnóstico no está claro, los síntomas persisten pese al tratamiento o se está valorando una cirugía antirreflujo.

Manometría esofágica

Estudia el funcionamiento de los músculos del esófago y de sus esfínteres. Puede ayudar a descartar trastornos motores y suele formar parte del estudio previo a una intervención antirreflujo en pacientes seleccionados.

¿Cuándo puede ser recomendable operar?

La mayoría de las hernias de hiato pequeñas y deslizantes se tratan inicialmente mediante cambios en los hábitos y medicación para controlar el reflujo. La cirugía no se indica únicamente por la presencia de la hernia en una prueba.

Puede plantearse una valoración quirúrgica cuando:

  • Los síntomas persisten pese a un tratamiento correctamente realizado.
  • Existe regurgitación importante que no responde bien a la medicación.
  • El dolor torácico recurrente ha sido estudiado y se ha descartado una causa cardíaca.
  • Se confirma objetivamente que el reflujo provoca los síntomas.
  • Existe esofagitis grave u otra complicación.
  • Aparece dificultad para tragar.
  • La hernia es grande o paraesofágica.
  • Se producen síntomas mecánicos, como presión, saciedad precoz o dificultad para que los alimentos pasen.
  • La hernia causa anemia, sangrado o problemas respiratorios.
  • Los síntomas deterioran de forma importante la calidad de vida.

Las guías quirúrgicas señalan que la decisión depende del tipo y tamaño de la hernia, de los síntomas y del fracaso de las medidas no quirúrgicas. También reconocen el dolor torácico, la dificultad respiratoria, la anemia, el reflujo y la disfagia entre las manifestaciones que pueden aparecer en pacientes sometidos a reparación de una hernia de hiato.

Antes de indicar una operación es necesario confirmar que los síntomas pueden mejorar al corregir la hernia y el reflujo. Operar sin demostrar adecuadamente la relación entre el dolor y el problema digestivo puede no resolver las molestias.

En nuestro artículo sobre cuándo operar una hernia de hiato explicamos los criterios de indicación y las pruebas necesarias antes de la cirugía.

Preguntas frecuentes sobre el dolor de hernia de hiato

Valoración del dolor recurrente por hernia de hiato

El dolor recurrente no debe normalizarse ni tratarse indefinidamente sin revisar su causa. Antes de plantear una operación es fundamental descartar un origen cardíaco, estudiar el reflujo y determinar si la hernia explica realmente los síntomas.

En Hernia Center valoramos de forma individual a los pacientes con hernia de hiato, regurgitación, dolor torácico no cardíaco o síntomas que continúan pese al tratamiento médico. El estudio permite decidir si conviene ajustar el tratamiento conservador o si existe una indicación para reparar la hernia.

Información médica: este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una consulta profesional. Ante un dolor torácico nuevo, intenso, opresivo o acompañado de dificultad respiratoria, sudoración, mareo o náuseas, solicita atención médica urgente.

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