5 mitos sobre las hernias abdominales que debes conocer

mujer con dolor abdominal
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Dr. José Rivas Becerra

Médico especialista en el tratamiento quirúrgico de las hernias de la pared abdominal.
Número de colegiado 292909705.
Acreditado como cirujano de consola plataforma robótica Da Vinci®.
Director de Hernia Center.

En consulta, una de las cosas que más me llama la atención es la cantidad de ideas equivocadas que todavía circulan sobre la hernia abdominal. Muchas personas llegan pensando que, si no hay dolor, no pasa nada. O que una faja puede resolver el problema. O que las hernias solo se dan en hombres. Pero la realidad es bastante más matizada, y entenderla bien ayuda a consultar a tiempo y a tomar mejores decisiones.

Las hernias de la pared abdominal, como las umbilicales, inguinales, incisionales o eventraciones son procesos en los que un tejido protruye a través de una zona débil del abdomen. A veces producen un bulto evidente; otras veces solo generan molestia, tirantez o una sensación de peso que empeora al hacer esfuerzo.

En este artículo quiero desmontar, uno a uno, los cinco mitos sobre la hernia abdominal que con más frecuencia encuentro en consulta. Lo hago no para alarmar a nadie, sino para que cualquier persona que tenga una hernia —o sospeche tenerla— pueda tomar decisiones informadas sobre su salud.

Mito 1: Si no duele, no es una hernia importante

Este es, con diferencia, el mito más extendido y el que más retrasos diagnósticos provoca. La idea de que el dolor es el termómetro de la gravedad de una hernia es intuitiva, pero incorrecta.

La realidad es que muchas hernias abdominales de gran tamaño y con contenido visceral importante son completamente indoloras durante meses o incluso años. El abdomen es una cavidad muy adaptable: el organismo tolera con escasa queja el desplazamiento progresivo de estructuras que llevan tiempo en una posición anómala. 

El dolor, cuando aparece, suele ser una señal de que algo ha cambiado: que el contenido herniario está siendo comprimido, que hay fricción con el borde del orificio herniario o, en el peor de los casos, que se está produciendo un atascamiento o estrangulación.

No toda hernia asintomática requiere cirugía inmediata. En hombres con hernias inguinales pequeñas y sin síntomas, la estrategia de vigilancia activa —con revisiones periódicas— es aceptada por las guías clínicas internacionales. Pero esa decisión debe tomarla un cirujano especializado, no el propio paciente o su entorno, y debe ir acompañada de información clara sobre los signos de alarma que requieren valoración urgente.

Mito 2: La hernia puede curarse con reposo o faja

No. Una faja no cura una hernia. En algunos pacientes, un soporte o truss puede aliviar síntomas de forma temporal o ayudar a contener el bulto, pero no repara el defecto anatómico de la pared abdominal. 

El reposo no es un tratamiento para la hernia. El reposo puede aliviar temporalmente las molestias, porque reduce la presión intraabdominal, pero en cuanto el paciente retoma su actividad normal los síntomas vuelven y el defecto sigue ahí, igual o más grande.

La hernia no desaparece por llevar una faja. La solución definitiva, cuando está indicada, es la quirúrgica. 

Ahora bien, conviene matizar algo: que la cirugía sea la única solución definitiva no significa que todo paciente deba operarse inmediatamente. En hernias pequeñas o poco sintomáticas, y según el tipo de hernia y el perfil del paciente, a veces puede plantearse observación y seguimiento. Lo incorrecto es pensar que el reposo o una faja “la están curando” o que permite olvidarse del problema.

Mito 3: La hernia solo aparece por levantar mucho peso

Levantar peso puede influir, pero no explica por sí solo todas las hernias. Lo habitual es que exista una combinación entre debilidad de la pared abdominal o del tejido conectivo y un aumento de presión dentro del abdomen. 

En esa presión pueden intervenir el esfuerzo físico, sí, pero también la tos persistente, el estreñimiento, la obesidad, ciertos esfuerzos repetidos o incluso una predisposición genética. Algunas personas nacen con zonas más débiles en la parte del abdomen.

A veces el esfuerzo actúa más como desencadenante visible de una debilidad previa que como causa única. Además, levantar peso o hacer fuerza puede hacer que una hernia existente se note más, aumente de tamaño o moleste más, aunque el origen real sea más complejo

Mito 4: La hernia abdominal es cosa de hombres

Es verdad que la hernia inguinal es mucho más frecuente en hombres que en mujeres: la proporción es aproximadamente de 9 a 1. La razón está en la anatomía del conducto inguinal masculino, que es más amplio y alberga el cordón espermático, creando una zona de potencial debilidad que no existe en la misma medida en la mujer.

Pero de ahí a decir que la hernia inguinal «no existe en mujeres» hay una distancia enorme.

Las mujeres también desarrollan hernias inguinales, y con una particularidad clínica importante: en ellas, la hernia inguinal directa es menos frecuente, pero la hernia crural o femoral —que discurre por el canal femoral, por debajo del ligamento inguinal— es proporcionalmente mucho más frecuente que en hombres. Y la hernia crural tiene una tasa de estrangulación significativamente mayor que la hernia inguinal directa o indirecta.

Más allá de la hernia inguinal, las mujeres pueden padecer otros tipos de hernia que son más frecuentes en ellas, como la hernia obturatriz y la hernia perineal. También pueden padecer hernias incisionales tras una cirugía abdominal o una cesárea.

El mito de que la hernia es exclusiva de los hombres es incorrecto. Las hernias abdominales afectan a ambos sexos y cualquier mujer con molestias persistentes en la zona debe consultar a un especialista.

Mito 5: Operar una hernia es peligroso y la recuperación es muy larga

La percepción popular sigue anclada en una imagen de la cirugía herniaria que corresponde a décadas pasadas: incisiones grandes, complicaciones frecuentes e ingresos prolongados. 

Hoy, la mayoría de las hernias inguinales, umbilicales y epigástricas no complicadas se operan por laparoscopia avanzada o robótica, a través de tres incisiones de menos de un centímetro, con anestesia general de corta duración y en régimen de cirugía mayor ambulatoria o con un ingreso de menos de 24 horas. 

El riesgo de complicaciones graves es muy bajo. Las complicaciones menores más frecuentes —hematoma, seroma, infección superficial de la herida— son manejables y no comprometen el resultado final.

En el caso de hernias complejas, eventraciones grandes o hernias recidivadas, la cirugía es más larga y el abordaje puede requerir mayor planificación, pero incluso en estos casos la laparoscopia avanzada o la cirugía robótica permiten resultados que hace veinte años habrían requerido grandes incisiones y semanas de hospitalización.

Respecto a la recuperación, el cambio que han supuesto las técnicas mínimamente invasivas es igualmente radical. La mayoría de los pacientes puede caminar y hacer vida normal al día siguiente de la intervención. La incorporación al trabajo sedentario es posible habitualmente en una semana. El dolor postoperatorio es manejable con analgésicos comunes —ibuprofeno, paracetamol— y no suele requerir opiáceos.

En hernias umbilicales o eventraciones de tamaño moderado, la recuperación es algo más lenta —dos o tres semanas para actividad normal, cuatro a seis para esfuerzos físicos—, pero sigue siendo muy distante de la imagen popular de «semanas en cama».

El conocimiento es el mejor antídoto

Los mitos sobre la hernia abdominal no son inocuos. Llevan a pacientes a retrasar diagnósticos que podrían haberse hecho años antes, a rechazar cirugías que habrían mejorado significativamente su calidad de vida o a someterse a ellas sin la información necesaria para tomar una decisión verdaderamente libre.

Mi trabajo como cirujano especializado en hernias no termina en el quirófano. Empieza mucho antes: en la consulta, explicando, respondiendo dudas, desmontando creencias erróneas y ayudando a cada paciente a entender su situación con claridad. Porque una decisión bien informada siempre es una mejor decisión.

Si tienes alguna duda sobre tu hernia —o sobre la de un familiar—, en Hernia Center puedes pedir cita directamente, sin necesidad de derivación, a través de nuestro formulario de contacto.

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